A picture of pinks leaves on a tree from below

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Translation via Jennifer Rodriguez

Pensé que conocía bien la angustia. La primera vez que me familiaricé

con un corazón destrozado fue en la universidad, mi primer novio. Me tomó un tiempo para sanar y seguir adelante. 

Sin embargo, el dolor de una desilusión amorosa no fue nada en comparación con el dolor de una buena amistad acabando. Recuerdo sentir como si una parte de mi corazón se hubiera entumecido. Como la llave de mi capacidad de dar y recibir amor se fue cerrando. Me hice cuidadosa, apartada, distante, desconectada de la gente e imposible de conocer, todo en un esfuerzo por proteger mi corazón. Nunca más quería sentir ese tipo de dolor.

Construí paredes alrededor de mi corazón tan altas que había olvidado la salida. Lo que aprendí rápidamente es que cuando te cierras de la posibilidad de ser lastimada, también te apartas de la gente y de la posibilidad de amor.

Si amas a cualquier ser vivo en esta tierra, entonces tienes la garantía de enfrentarte a la decepción. Sin embargo, con eso, también te abres a la oportunidad de conocer y ser realmente conocida.

Amar verdaderamente a alguien es el acto más valiente del alma. Amar no significa nunca haber sido lastimada, sino que significa elegir dar y recibir amor a pesar del riesgo. Abrámonos al crecimiento, a ser estiradas de las maneras más inconcebibles por la vulnerabilidad. Elijamos amar de nuevo, incluso después de experimentar dolor.

Stephanie Taylor, editora en línea de Darling

¿Ha experimentado un conflicto que cambió la forma en que interactúa en las relaciones? ¿Vale la pena arriesgarse a ser herido por la posibilidad del amor? ¿Por qué si o por qué no?

Imagen vía Judith Pavón Sayrach

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