A girl with an afro wearing a sweater and high-waist denim

Darling is working to translate some of our content into Spanish. If you have edits or feedback on this translation, our team would love your input! Email blog@darlingmagazine.org and include Spanish Translation in your subject line.

Translation via Sarahi De La Torre and Jennifer Rodriguez

¿Alguna vez has tenido un momento en el que recuerdas las palabras o el consejo de un padre o un adulto en tu vida años después, y te das cuenta de que él o ella tenían razón? Yo he tenido esos momentos en varias ocasiones.

Mantén tus manos alejadas de la estufa. No salgas con ese chico. Sé consciente de las personas que te rodean.

Un momento en particular se me viene a la mente. Era mi último año en la universidad, y estaba en mi casa en Michigan para las vacaciones de invierno. Mi tío trabajaba en Ann Arbor entonces lo acompañé a la ciudad para visitar unos amigos en el campus de la Universidad de Michigan.

En la noche cuando regresamos a casa, estábamos hablando de mi carrera universitaria y mis planes de ser periodista y escritora después de la graduación. Hablamos de cómo se comparaba el sueldo promedio de un periodista en comparación a otras carreras, más lucrativas y le dije a él que eso no me importaba. Escribir era lo único para mí. Sabía que eso era lo que estaba destinada a hacer. 

Después, mi tío dijo unas palabras conmovedoras. (Redoble de tambor, por favor. ¡Aquí viene el momento de “ajá”!)

Dijo, “Eres una de las afortunadas. Sabes lo que te apasiona, y ahora, puedes pasar el resto de tu vida dedicándote a eso.”

Yo, de 21 años, no entendía muy bien lo que quería decir, pero sus palabras se me quedaron grabadas. Estaban allí cuando me mudé a los 22 años a Minneapolis, una ciudad en donde no conocía a casi nadie, para trabajar en una revista de viajes. Las recordaría también tres años después cuando me mudé a California sin una oferta de trabajo. Sus palabras sonarían en mi cabeza un año después cuando me despidieron de mi puesto de asistente editorial. Sus palabras hacían eco en mi cabeza cada vez que alguien me preguntaba, “¿Entonces, a qué te dedicas?”

Escribir es algo que siempre he hecho, y me encanta. No quisiera vivir una vida o seguir una carrera sin pasión. El dinero va y viene. (Literalmente, esto sucede. Simplemente pregúntale a mi cuenta bancaria.) Sin embargo, al final del día, sé que estoy verdaderamente bendecida de poder hacer lo que amo.

Vivir una vida con pasión me impulsa hacia adelante los tiempos de incertidumbre, las pruebas y las derrotas. Me ayuda a poner un pie delante del otro aun cuando no puedo ver la escalera completa. Saber que tengo una pasión y usar ese don para un propósito, me llena de energía cada día que despierto.   

Vivir una vida con pasión me impulsa hacia adelante durante la incertidumbre, las pruebas y las derrotas.

He aprendido por las malas que, no, de hecho, no soy a lo que me dedico a hacer. No soy simplemente una escritora o periodista. Escribir es a lo que me dedico. Pero aun, eso no es quien soy. Eso no es mi identidad. Tener este conocimiento me permite perseguir libre y apasionadamente una vida con propósito usando mis dones—la escritura siendo uno de ellos—para tener un impacto en otros.

Mi tío me dio una nueva perspectiva sobre la importancia de soñar y vivir una vida con pasión. Durante años él ha trabajado un trabajo que odia. Explicó lo agotador que era, pero que pagaba bien. Me contó que cuando él estaba en sus veintitantos, su enfoque era tener ingresos y si pudiera, él regresaría y descubriría su pasión. El siguió la vieja costumbre de “el sueño americano”— de ganar un dólar.    

Siempre he tenido la mentalidad de que si persigo de manera perseverante las cosas que me apasionan y las cosas para las que soy buena, el dinero vendrá. Puede que no sea fácil, pero no puedo basar mi motivación en signos de dólar. Creo que una vida exitosa se basa tanto en tener la cabeza en las nubes, tanto como tener los pies en la tierra.  Puedes ser realista y optimista. Puedes ser una soñadora y seguir siendo práctica. 

Puedes ser realista y optimista. Puedes ser una soñadora y seguir siendo práctica.

No debemos permitir que nuestro sentido práctico rebase nuestros sueños. He querido ser escritora desde que era pequeña. Creo que mi yo más joven estaría encantada de ver mi versión adulta desarrollando ese sueño.  Recientemente encontré mi diario de la preparatoria. En él encontré una lista de metas y sueños en mi vida. Muchos de ellos me hicieron reír, pero muchos otros, me enorgullece decir que los había logrado o que estaba trabajando para lograrlos. 

Había un sueño que se me había olvidado, y allí estaba en mi puño y letra desde hace 10 años—viajar a Italia. En el 2018, tuve la oportunidad de vivir en el norte de Italia y trabajar como asistente de una profesora. Por lo visto, ir a Italia era algo que había estado soñando desde hace mucho tiempo. Fue emocionante verme a mí misma lograr algo con lo que soñé hace mucho tiempo. 

En la edad adulta, a menudo nos quedamos atrapadas en ganarnos la vida o simplemente siendo prácticas, y se nos olvida atrevernos a soñar. Se nos olvida vivir una vida con pasión. Nunca quiero vivir así. Aunque me llamen loca, quiero ser una soñadora. Quiero estar rodeada de otros soñadores que activamente siguen sus aspiraciones a pesar de las probabilidades y oposiciones. 

Espero que tus sueños te mantengan despierta por la noche. Espero que llenen tu vida de colores. Nunca dejes de perseguir apasionadamente tu propósito. A pesar de todo, nunca es demasiado tarde para soñar de nuevo.

¿Cuál es ese sueño que perseguirías si nada te lo impidiera? ¿Qué te ha impedido perseguir ese sueño?

Imagen vía Prakash Shroff, Darling Edición No. 17

Total
1
Shares

Leave a Reply

Your email address will not be published.

*